«El canto manifiesta una voz colectiva»: Nano Stern

Lil Fredes

Hoy se cumplen 50 años del golpe de Estado en Chile. No es casual que esta entrevista crónica, realizada el 26 de agosto, haya estado guardada hasta hoy para publicarse, una pequeña conversación con un cantautor que en mayo de este año lanzó el disco “Canta a Víctor Jara” y que hoy da un concierto en la Universidad de Chile en la semana «Nunca Más».

No hizo falta una pregunta específica para que el tema del golpe de Estado y del legado de artistas como Violeta Parra o Víctor Jara estén presentes en la conversación. El concierto que realizó en Medellín recorrió canciones de varios de sus discos y mostró la emoción de Nano al descubrir que buena parte del público cantaba junto a él. El concierto, junto a Pala, incluyó una buena tanda de décimas e improvisaciones, de historias tan personales y profundas como la de Luchín poniéndose en contacto con Nano para regalarle la pelota de trapo al enterarse del lanzamiento del disco en honor a Víctor Jara, y la emoción de cuatro asistentes que subieron al escenario a cantar el Carnavalito del ciempiés.

En la entrevista, previa al concierto, nos enfocamos en desgranar lo que para Nano Stern significa la música, en su conexión con lo social y en los desafíos para las generaciones de cantautores y cantautoras de Chile y Latinoamérica.

En la canción «Dos cantores» postulas que tener una linda voz o vender muchos discos no es lo más importante. Entonces, ¿cuáles son los elementos imprescindibles para ti en la música?

La honestidad, lejos. Creo que es lo más importante. Creo que el respeto por el oficio también es algo importante, porque no se trata de hacer un juicio de las capacidades técnicas, como dice esa canción, pero eso es muy distinto al compromiso que uno tenga, con el amor a la artesanía de lo que hace. Eso se ve reflejado, generalmente -por lo menos en los artistas que yo admiro- en una vida dedicada a la búsqueda, a la exploración, al aprendizaje, al gusto por descubrir las posibilidades creativas que están a tu disposición, sean cuales sean tus medios técnicos. Eso es otra cosa.

Ahora, en lo personal, creo que el estudio de las técnicas varias, ya sea la técnica del instrumento, de la historia de la música, de la historia poética, de los contextos en que se dan las músicas, siempre brinda mucha perspectiva, pero en sí mismo no es algo que a mí me interese, sino que me interesa en cuanto puede ser una chispa para más exploraciones.

Por tu trayectoria, tú planteas que la música tiene que resonar en lo social. ¿Para qué tiene que servir la música en lo social, cuál es su rol?

Lo que pasa es que creo que la música tiene una dimensión colectiva, comunitaria muy fuerte; entonces, parafrasearía lo que tú dices: no creo que la música «tenga que» nada, pero puede hacerlo y es un vehículo muy efectivo cuando se trata de hacer sentir a un montón de gente que está junta en lo que sea, que tiene una voz colectiva que se manifiesta en el canto… quizá es al revés: que el canto manifiesta esa voz colectiva. Entonces, es un desafío grande subir al escenario, porque es una responsabilidad hablarle a un montón de gente, hacerlos resonar en distintos niveles y hay veces en que canciones muy personales, aparentemente, canciones de amor, por ejemplo, adquieren una trascendencia tal que las convierte en canciones que salen de esa cápsula y permean mucho más allá. Por ejemplo, Te recuerdo Amanda, de Víctor Jara, que es una canción de amor, pero al mismo tiempo es una canción política, es una canción reivindicativa, es una canción de protesta, es todas las cosas al mismo tiempo, pero, finalmente, es una canción tan sublime que emociona y, desde la emoción, creo que arrastra todas estas otras cosas.

Hay una gran generación de artistas chilenas y chilenos, también con un enfoque social, de diferentes géneros y estilos en este momento. ¿Cuáles crees que han sido las condiciones para que esto sea posible?

Tiene que ver mucho con el contexto histórico que hemos vivido. No es casualidad que nuestra generación coincida con la generación de jóvenes liderazgos que hoy día tienen el poder político, porque somos justamente de la misma edad y corresponde a la generación de chilenos y chilenas que nacimos al final de la dictadura, y que crecimos la mayor parte de nuestra juventud ya en democracia, en esta transición interminable. Conectamos, yo creo, con un ideario y una estética que quedó trunca en la historia de Chile, que tiene que ver con lo que pasó hasta el golpe de Estado. No solamente el gobierno de la Unidad Popular sino antes, también.

En la música eso es muy fuerte, es el legado de la Violeta Parra hasta el asesinato de Víctor  Jara, ¿no? Es un momento muy fecundo en que siembran, ahí, sonoridades, temáticas, una estética, pero sobre todo una ética que creo que se recupera en esta generación.

No sé si se recupera, pero se mira con mucha admiración y por eso vuelven a aparecer estas cosas y, claro, eso se ve reflejado como decías tú, con una ética de fondo que se manifiesta con muchas estéticas distintas, cada uno con su manera de decirlo, de cantarlo, en un tiempo distinto en que hay otras sonoridades también, por supuesto, pero que yo siento que hay algo que nos ancla profundamente con esa parte de nuestra historia que quedó cortada.

En la misma línea, y según tu lectura -digamos- sociomusical, ¿Cuáles son los desafíos de la música independiente y social en Latinoamérica?

Te voy a decir algo que experimento en carne propia: las escenas musicales independientes y la industria musical son cosas que están cada vez más separadas y creo que es bueno verlo, asumirlo, entenderlo y, entonces, actuar acorde a eso. Entendiendo que la industria tiene sus lógicas y que esas lógicas son, por lo general, bastante depredadoras del arte. Sin caer en una cuestión absolutista (porque siempre hay espacio para los grises) por lo general, la industria tiende a devorar todo aquello que se sale de lo que puede vender, de lo que puede explicar, de lo que puede encasillar. Creo que son esas cosas las más interesantes. Entonces, en mi caso, ya he asumido eso, no exento de frustraciones, porque estar al margen de la gran industria implica una masividad menor, un montón de consecuencias, pero creo que no son ni remotamente tan importantes, ni trascendentales como las cosas que están del otro lado: como la consecuencia, como la honestidad, justamente, com0o la creación cuando nace solamente desde la voluntad de crear y no desde las obligaciones de un mercado, que las impone y que, lamentablemente también siento yo, que muchas veces secuestra a grandes creadores y que terminan o bien completamente dentro de la industria o lo que yo creo que es peor en esta zona intermedia por lo que no es realmente ni lo uno ni lo otro. Yo por lo menos, he tomado una decisión muy clara ya hace unos años, de entender eso y decir: Bueno, el camino es otro, el camino es lento y está bien que el camino sea lento, porque se disfruta más la vista.

[Nota al pie: la posibilidad de ver a Nano Stern en Medellín y a otras cantautoras y cantautores independientes es una gran apuesta hecha por la producción de monoaraña

Lil Fredes/liúbula

Comunicadora social, enfocada en los espacios y expresiones culturales, las tecnologías y la didáctica en aulas virtuales de aprendizaje. Feliz cómplice de Nodo Común. Fan de las letras.

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