El libro de Mieke Bal fue una verdadera guía de viaje para entender no solo la metodología sino el problema que encontraba con el uso de conceptos-comodín: aquellos que siempre se nombran pero difícilmente se definen. Además, en la vida cotidiana vemos cómo diversos conceptos son apropiados, negados o utilizados al azar, generando lo que Bal describe como “la dilución despoja al concepto de su fuerza conceptualizadora: de su capacidad de distinguir y, por tanto, de hacer el objeto comprensible en su especificidad, es decir, de teorizarlo, promoviendo el conocimiento, la comprensión y el entendimiento” (2002, pp. 49-50).
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