(O porqué escapar a la lógica del imprímase y archívese)
Hay una regla intrínseca que dice que el no conocer una ley o norma no te exime de cumplirla. Eso aplica para toda la ciudadanía. La pregunta es: ¿dónde se publican las leyes?
Hay canales oficiales en los que se pueden encontrar esas normas y, en muchos casos, también se hacen procesos de socialización tanto en espacios físicos (OTBs, Juntas Vecinales, comunidades, etc.) como a través de medios de comunicación.
El tema es la desigualdad de acceso a la información. Estos procesos de socialización no alcanzan a llegar a toda la ciudadanía e intentar informarse por los medios oficiales requiere: hablar el idioma legislativo, o mínimamente entenderlo; tener el tiempo y las capacidades requeridas para leer, poder acceder a los canales oficiales donde están esas normas.
Este ejemplo nos sirve maravillosamente para diferenciar dos elementos claves: publicar o difundir vs. comunicar. Difundir consiste en esparcir el mensaje (cualquiera que sea) por los medios disponibles, eso incluye publicar la norma en los canales oficiales o colgarla de algún sitio en Internet…
Comunicar, en cambio, requiere un ejercicio de traducción según los requerimientos, necesidades, capacidades y realidades de la ciudadanía en su conjunto, por más esfuerzo que exija responder a esta diversidad. Comunicar implica escoger el tono y el canal adecuado según a quién se dirige, realizar una síntesis clara y pertinente, facilitar la comprensión por medio del idioma, de las metáforas locales, de los formatos más consumidos…
Comunicar no es publicar por descargo (porque la norma misma indica que debe ser publicado), sino facilitar todas las formas posibles para la comprensión de esa norma.
En este breve ejemplo hemos utilizado el caso de las leyes, algo que implica responsabilidades ciudadanas y estatales. Pero, en general, aplica a todos los ámbitos de la vida. Difundir no basta para construir puentes, lazos ni comunidad.


