Tengo un dolor casi crónico cuando una víctima dice que, a pesar de lo que le haya pasado, no se victimiza. Siento que es doble víctima: además del hecho, la sociedad le ha convencido de que debe silenciarse o renunciar a reconocerse en su propia historia. No quiero entrar en mucha teoría ni conceptualización, aunque Mieke Bal sería ideal para hacer un rastreo de cómo se ha utilizado la palabra víctima en contra de las víctimas y a favor del victimario. Pero necesito sacar este dolor y recuperar lo que nos nombra.
Primero, victimizarse es tomar una situación que no es tuya, que no te afecta de manera directa, que no te vulnera en realidad, para tomar ventaja. Unos ejemplos muy rápidos:
Quien quiere ir en el asiento de la ventana del avión, a pesar de no tener asignado ese sitio, y ante la negativa de quien sí está en el asiento correcto, se declara víctima de algo que percibe como injusticia (que no se haga lo que desea), siendo que la otra actuó en todo su derecho. Otro más grave: quien no se ocupa de sus hijos, no manda pensión, no llama… pero cuando se le ocurre ir a verlos (sin coordinar) y la madre dice que no puede, grita a los cuatro vientos que impiden el acercamiento, que vulneran un derecho y que es víctima de una injusticia.
Hacerse a la víctima, por otro lado, es magnificar un hecho que no vulnera o manipular una situación para voltearla y quedar como la persona vulnerada. Por ejemplo: si de forma constante se violenta a una persona y luego se la señala como violenta cuando explota y por fin se defiende.
No entiendo, entonces, porqué la palabra víctima es la que tiene la carga de la vergüenza (claro que lo entiendo, es esta estructura, es el patriarcado y los otros pilares, entroncados, que entre sí se sostienen).
Víctima es un descriptivo, no un llamado a la lástima.
Llamar víctima a una víctima es dar el reconocimiento y la validación sobre la vulneración sufrida. Una víctima nunca deja de ser víctima de la situación que vivió. Puede transitar la situación, superarla, elaborarla. Puede ser una víctima que pudo sobreponerse o ser una víctima que no resistió a la vulneración sufrida, pero sigue siendo víctima porque la vulneración ya fue ejercida y no hay forma de borrarla. No existe la «desvulneración».
Siempre se habla de victimizarse (cuando se es víctima) como una forma de silenciar la historia, el testimonio, el modo de transitar. Siempre se moraliza o elucubra sobre el ser víctima, es el tema central. ¿Cuándo empezaremos a nombrar al victimario? Ese es el eje que debería alumbrarse, el verbo que debiese formarse. El victimario es el que debiese ser el destinatario de los cientos de consejos, del tratamiento periodístico, de la terapia.
Centrarse en la víctima solo debería servir para reparar y no repetir. No para pedir el imposible: el que deje de ser víctima de lo que haya sido. No hay vuelta atrás con ello. Se puede ser una víctima que «superó», que aprendió a habitar, que integró la realidad, el hecho, el dolor, la rabia. Pero su condición de víctima está ahí, descriptiva como es. Se puede ser víctima que no logró superar, ni habitar, ni integrar. Su calidad de víctima está ahí, descriptiva como es. Y ese otro camino, el de no poder elaborar aquello de lo que se fue víctima, el de no poder soportar aquello de lo que fue víctima, no es «victimización», es la única respuesta posible desde las herramientas, entornos y cualidades físico-químicas disponibles.
Cuando se le pide a una víctima que no se victimice, lo que se le pide en realidad es que no cuente aquello que incomoda. Que no revele aquello que es preferible no mirar, aquello que sucede como producto de un entorno, de un sistema desprovisto de afectos, de cuidados y repleto de negligencias y abandonos.
Cada una tiene derecho a contar su historia, a repasarla, a repararla, a ser testimonio de sí. Contarla no es amarrarse a un pasado ni victimizarse: es reconocerse, es un ejercicio de memoria y de elaboración, de palpar lo que se es y lo que se ha construido. Lo que se es y porqué se es. Lo que se es y lo que es posible ser a partir de esa historia, de esa memoria, de esa elaboración.
O, en últimas, lo que ya no será.


